Entorno Personal de Aprendizaje (Personal Learning Environment, PLE)
1. EL ENTORNO PERSONAL PARA APRENDER
Sea cual sea la época en la que
nos situemos, las personas han tenido siempre un entramado de conexiones
sociales y de fuentes básicas de las que aprender. Ese “entramado” ha estado
condicionado siempre por las fuentes de conocimiento fiable de las que
disponían y de las cuales se entendía que debían aprender. Así, en un primer
momento el entorno de aprendizaje se limitaba a la tribu y a la familia,
posteriormente incluyó también a un maestro del que éramos aprendices, con la
aparición y proliferación de los libros incluyó a los libros y, cuando aparece
la escuela, centraliza en ella casi todos sus elementos. No obstante, con la
llegada de Internet, las tecnologías de la llamada Web 2.0 y la popularización
del acceso móvil a la información las cosas han cambiado. Ahora podemos acceder
de forma rápida y sencilla a toda la información que constituía en otros
momentos el grueso de la educación escolar (los contenidos) y además podemos
comentarla, recrearla y debatirla con otras personas. La información a la que
tenemos acceso se ha multiplicado por varios órdenes de magnitud. Casi todo lo
que nos pueda interesar está a distancia de un clic. El entorno natural de
nuestras interacciones se ha expandido a la red de información que hemos tejido
globalmente en las últimas décadas. Y es aquí, en esta nueva realidad, donde aparece
el interés por el estudio de los PLEs.
2. EL PLE, UNA IDEA ÚTIL SOBRE
CÓMO APRENDEMOS
Se dice que la idea de PLEs se
remonta al año 2001 cuando, en el marco del proyecto NIMLE (Northern Ireland
Integrated Managed Learning Environment) financiado por el JISC (el Joint
Information Systems Committee de la Gran Bretaña), se empieza a desarrollar la
idea de un entorno de aprendizaje centrado en el alumno como evolución de los
ya por entonces populares entornos virtuales de enseñanza-aprendizaje, centrados
en la institución. Un entorno que pudiera recoger y centralizar recursos de
diversas instituciones (Brown 2010). Algunos años más tarde, en 2004, el JISC
incluyó una sesión específica en su congreso anual dedicada a entornos
telemáticos centrados en el alumno a los que llamaron Personal Learning
Environments. Esta fue la primera vez que se usó “oficialmente” dicho concepto,
que posteriormente se generalizó y evolucionó, y cuyo acrónimo usamos en casi
todos los idiomas: PLE.
El desarrollo de las ideas sobre
PLEs es en sí mismo un ejemplo de esa nueva manera de concebir el conocimiento
en la red: un proceso colectivo y abierto. Se empezó con debates más o menos
informales a nivel global que tuvieron su reflejo sobre todo en foros y blogs,
para posteriormente consolidarse en las formas tradicionales de difusión
científica: comunicaciones a congresos, artículos en revistas y, ahora,
monografías.
Así hoy se afirma que “PLE es un
enfoque pedagógico con unas enormes implicaciones en los procesos de
aprendizaje y con una base tecnológica evidente. Un concepto tecno-pedagógico
que saca el mejor partido de las innegables posibilidades que le ofrecen las
tecnologías y de las emergentes dinámicas sociales que tienen lugar en los
nuevos escenarios definidos por esas tecnologías” (Attwell, Castañeda y Buchem,
en prensa), o lo que es lo mismo, una idea que nos ayuda a entender cómo
aprendemos las personas usando eficientemente las tecnologías que tenemos a
disposición.
3. CONCEPTO Y COMPONENTES DE UN
PLE
Es decir, el PLE de las personas
se configura por los procesos, experiencias y estrategias que el aprendiz puede
–y debe– poner en marcha para aprender y, en las actuales condiciones sociales
y culturales, está determinado por las posibilidades que las tecnologías abren
y potencian. Eso implica que hoy algunos de esos procesos, estrategias y
experiencias son nuevos, han surgido de la mano de las nuevas tecnologías de la
información y la comunicación, pero implica también que es deseable que sean
utilizados frecuentemente y que sirvan para enriquecer la manera en la que
aprenden las personas tanto de forma individual como con otros. En el PLE de
las personas se integran, además de las experiencias clásicas que configuraban
nuestro aprendizaje en la educación formal, las nuevas experiencias a las que
nos acercan las herramientas tecnológicas actuales, especialmente las
aplicaciones y servicios de la Web 2.0, y los procesos emergentes –individuales
y sobre todo colectivos– de dicha ecología del aprendizaje.
En el PLE se integran 3 partes principales:
3.1. Herramientas,
mecanismos y actividades para leer
Los primeros componentes del PLE
son las fuentes documentales y experienciales de información, entendidas como
nuestros particulares “manantiales del conocimiento”, los sitios y los
mecanismos por los que nos informamos y extraemos información de forma habitual
o excepcional en diversos formatos. Son nuestros espacios y mecanismos de
lectura, en la acepción más multimedia de la palabra. Desde una perspectiva más
pedagógica, hablamos también de actitudes y aptitudes para la búsqueda, de
curiosidad, de iniciativa y de independencia a la hora de emprender esas
búsquedas de información de forma permanente, aún cuando no respondan a una
necesidad concreta.
3.2. Herramientas,
mecanismos y actividades para hacer/reflexionar haciendo
En la segunda parte del PLE
–modificar la información–, integramos aquellas herramientas y espacios en los
que hacemos cosas con la información conseguida, los sitios en los que damos
sentido y reconstruimos el conocimiento a partir de la reflexión sobre la
información. Pero con ellas incluimos también los procesos mentales que ponemos
en marcha para hacerlo, mecanismos de reflexión, reorganización, priorización,
reelaboración, publicación de la información, así como las actitudes asociadas
a ese tipo de procesos y a la forma en la que los realizamos. En consecuencia,
hablamos entonces de los sitios en donde re-elaboramos y publicamos la
información que conseguimos.
3.3. Herramientas,
mecanismos y actividades para compartir y reflexionar en comunidad: La PLN (Red
Personal de Aprendizaje)
Seguramente lo más relevante de
todo lo que se incluye en la definición de PLE que manejamos sea que esas
fuentes, mecanismos y actitudes para aprender a las que nos referimos todo el
tiempo, no se limitan a las documentales e individuales, sino que en ellas se incluye a las personas como fuentes de información
y a nuestras interacciones con ellas como experiencias que enriquecen nuestro
conocimiento. Es decir, hablamos no sólo de un PLE individual y formado por
mí y “mis cosas” para aprender, sino que se incluye mi entorno social para
aprender (Red Personal de Aprendizaje o PLN que son sus siglas en inglés y es
de la forma en la que más frecuentemente nos encontramos el término en la
literatura), con sus fuentes y relaciones como parte fundamental de ese
entorno. Entonces decimos que en el PLE se integra la PLN, es decir, las
herramientas, los procesos mentales y las actividades que me permiten
compartir, reflexionar, discutir y reconstruir con otros conocimiento –y
dudas–, así como las actitudes que
propician y nutren ese intercambio. Aún diremos más. Si tenemos en cuenta
el momento tecnológico y social actual, es seguramente esta parte, la parte
social de nuestro entorno de aprendizaje, la parte más importante del PLE.
Pero además incluiríamos en la
definición de nuestra PLN las oportunidades de intercambiar con esas personas
(encuentros, reuniones, foros, conferencias, etc.) que ayudan a enriquecer esa
PLN y los procesos mentales que ponemos en marcha en esos intercambios: capacidad de decisión, asertividad,
etc. Esta PLN exige una serie de competencias
relacionadas con la propia identidad en el entorno conectado (Castañeda y
Camacho, 2012). Es decir, a la vez que la persona construye, amplía y gestiona
su PLN, debe desarrollar una mayor y mejor consciencia de su propia identidad
(aumentada por los espacios tecnológicos en donde se mueve) personal y
profesional, pues sólo con una identidad
solvente podrá fortalecer esa red que dé soporte a una gran parte de su
aprendizaje.
4. GENERALIDADES Y
TRANSVERSALIDADES
Además, existen algunos procesos
mentales que debieran considerarse transversales al PLE, como se pueden
considerar transversales a la experiencia de aprender y a la capacidad de
aprender autónomamente. Hablamos de procesos como crear, autorregularse, ser
curioso, y en general todos aquellos que van más allá del sistema puramente
cognitivo (Bloom et al., 1956) y se relacionan con los sistemas de
metacognición y de conciencia del ser enunciados por Marzano (2001). Es decir,
que aunque hay tres aspectos básicos que nos ayudan a explicitar nuestro PLE
–leer, reflexionar-hacer y compartir–, las de herramientas, fuentes de
información, conexiones y actividades que se incluyen no son de uso exclusivo
de una de esas partes. En todo caso se trata de cómo aprendemos, así que las
únicas “reglas” son las que nos indique nuestra percepción de ese aprendizaje.
5. ALGUNAS PRECISIONES ACERCA DE
LOS PLE
El PLE de las personas existe
desde siempre, pero en un mundo donde las fuentes de información son escasas
(libros, expertos), están centralizadas (escuela) y la inercia del conocimiento
es grande (tarda en cambiar, le cuesta moverse), el PLE no aportaba mucha
información relevante. Sin embargo cuando nos movemos en un mundo donde la
información se ha fragmentado y dispersado en múltiples espacios y formatos por
acción de la tecnología, donde casi cualquiera puede ser creador y proveedor de
información y el conocimiento avanza a velocidad vertiginosa, definir, conocer,
manejar y enriquecer el PLE supone una estrategia necesaria para aprender
eficientemente. Es decir, aunque digamos que el PLE existe desde siempre, asume
entidad y relevancia propios hoy, una vez que sus componentes se multiplican
por la acción de las tecnologías; por eso decimos que el PLE es el entorno en
el que aprendemos usando eficientemente las tecnologías. No obstante, tenerlo y no conocerlo o no saber cómo
enriquecerlo/mantenerlo implica desperdiciar su potencial en tanto que
herramienta de metacognición. Si no entendemos cómo aprendemos, es muy
difícil que podamos replicar nuestros mecanismos de aprendizaje en situaciones
similares o reconducirlos y enriquecerlos cuando no sabemos enfrentar una
situación en la que debemos aprender cosas nuevas. Y eso supone un problema
serio de adaptabilidad en un mundo en que la necesidad de aprender es no sólo
permanente (aprendizaje a lo largo de toda la vida), sino más amplia que nunca
(aprendizaje en más y variados aspectos, a lo “ancho” de toda la vida). Eso
implica que las tecnologías dejen de tener un papel meramente instrumental
dentro del sistema educativo y vayan mucho más allá de ser las herramientas que
hacen más eficiente el modelo educativo que ya conocemos, para evidenciar la
necesidad de un modelo educativo radicalmente diferente.
Pero además, si específicamente
la educación básica es la encargada de proveer del “salario mínimo cultural”
(Escudero, 2004) que ayude a las personas a ejercer plenamente su ciudadanía en
las máximas condiciones de felicidad (Ríos, 2003), entonces es imprescindible
que en ese periodo educativo se aborde de una manera decidida el desarrollo del
PLE por parte de los estudiantes. Las competencias mínimas a desarrollar
durante la educación formal, y muy particularmente durante los primeros
periodos educativos, pasan por la concienciación, desarrollo y gestión del PLE,
que permita a la persona –sean cuales sean sus expectativas vitales– educarse para ejercer su ciudadanía de
forma plena. Los PLE son aprender a aprender en la era digital. Desde esta
perspectiva, los procesos de enseñanza (no sólo en la enseñanza básica, sino en
todos los procesos educativos formales) se redefinen. La importancia no reside
en qué quiere y está dispuesto a enseñar alguien (persona o institución) en
términos de contenidos, cerrados e inamovibles, sino en qué quiere/necesita
aprender el aprendiz y cómo organiza (o el enseñante organiza) en torno a él
una experiencia/actividad/tarea que le permita aprenderlo. Es decir, que
debemos enseñar a solucionar problemas, y no solo las soluciones de los
problemas conocidos.
Cuando hablamos de que cada
persona tiene un entorno de aprendizaje y que debe ser capaz de explicitarlo,
gestionarlo y enriquecerlo, entendemos que él no es algo estático que puede
introducirse en la cabeza de las personas para que sea útil, sino que es algo
en continuo movimiento y que fluye a través de las personas, recreándose cada
vez (muy en el sentido del constructivismo social propuesto por Vygotsky (1978)
y desarrollado para los tiempos de Internet en el conectivismo de Siemens
(2005) y Downes (2005)). Por eso mismo, plantear el PLE, entendido como
aprender a aprender en la era digital, como centro de los procesos educativos
(formales y no formales) supone cambios profundos en todos los participantes en
el proceso educativo. Pero, de la misma forma, introducir los PLEs como eje
fundamental de los procesos puede ayudar a cambiar y reconstruir –sofisticar–
no sólo las creencias de los docentes sobre cuáles son las mejores formas de
enseñar (Kim et al. 2012), sino las de los aprendices sobre la naturaleza del
conocimiento y del propio aprendizaje (Schommer-Aikins et al., 2012). Usando activamente e intensamente sus PLEs
los aprendices deberían comprender que hoy no sólo consumen información, sino
que pueden crearla y reflexionar sobre ella en comunidad.
Vivimos tiempos en los que las
nuevas tendencias educativas se mueven entre dos polos más o menos opuestos:
por un lado los modelos de entrenamiento masivos que, a modo de evolución de la
enseñanza por correspondencia, toman cada vez más fuerza como una forma de
aprovechar las economías de escala a las que nos acerca la red (los llamados
xMOOCs, en sus diversas modalidades (Rodríguez, 2012), como los que podemos
encontrar en Udacity o Coursera, o la muy famosa Khan-Academy), y en el otro
lado, propuestas metodológicas que asumen un aprendiz social, comprometido, que
lee solo y elige solo pero que aprende en comunidad a través de intercambios
relevantes (hablamos de las experiencias de Flipped Classroom o cMOOCs). Tanto
unas como otras tienen su lugar en el PLE, en un caso como parte de las fuentes
de información del PLE y en el otro como ecosistema donde el PLE se desarrolla
y enriquece.